HISTORIA MILITAR DE ESPAÑA
Batallas



BATALLA DE VALMY (20 de septiembre de 1792)

Librada entre las tropas republicanas francesas al mando de los generales Dumouriez y Kellermann y el ejército aliado austriaco-prusiano del Duque de Brunswich

Tras la declaración de guerra de Francia a Austria, las primeras columnas francesas entraron el Bélgica los dias 28 y 29 de abril. Les salieron al paso los contingentes austríacos que guarnecían la frontera, muy inferiores en número a los franceses. Pero éstos se desbandaron nada más avistarlos y, furiosos y en rebeldía, asesinaron a varios oficiales y a su general.

El rey de Prusia mantuvo sus compromisos de alianza con Austria y envió un ejército de 50.000 soldados al mando del Duque de Brunswick hacia la frontera de Lorena. El Duque de Brunswick era sobrino de Federico el Grande. Pedante y de gran cultura, era el máximo representante del concepto de lucha limitada que imperaba en el siglo XVIII y que se basaba en dominar al enemigo por la maniobra en lugar de por la lucha. Su reputación estaba basada en la campaña de Holanda de 1787, librada con mínima efusión de sangre, por lo que a los ojos de sus contemporáneos se le tenía como el mejor general de Europa.

El 11 de julio la Asamblea declaró "la patria en peligro" para excitar los áminos del pueblo contra los enemigos exteriores e interiores. Pocos días despues, el 25 de julio, el Duque de Brunswick emitió un imprudente comunicado redactado por los emigrantes en el que anunció que todo francés que se opusiera a la invasión sería tratado como rebelde, y que la ciudad de París sería entregada a la destrucción y al saqueo en caso de un nuevo atentado contra el rey Luis XVI. La reacción popular fue la de estrechar lazos en defensa de la revolución. Con este manifiesto el rey perdió los pocos apoyos y simpatías con los que contaba. El partido girondés aprovechó la situación para iniciar el derrocamiento de la monarquía, y la noche del 9 al 10 de agosto tuvo lugar el asalto al Palacio de las Tullerías, defendido por la guardia suiza que fue masacrada por el populacho.

El rey y su familia fueron arrestados en la prisión de la torre del Temple. Todos los ministros fueron depuestos y la Asamblea decretó la convocatoria de una Convencion nacional para revisar la Constitución. Se formó un Consejo Ejecutivo provisional en el que Dantón era el titular de Justicia. Su primera medida fue crear un tribunal extraordinario que encarceló a numerosos aristócratas, sacerdotes y burgueses ricos. El desorden reinada en París. El general Lafayette, que mandada el ejército de las Ardenas, intentó marchar con sus tropas sobre París para restablecer el orden y liberar al rey. Pero sus soldados no le obedecieron y Lafayette optó por pasarse a los austríacos.

El ejército republicano estaba dividido en dos grandes núcleos a lo largo de esta frontera: uno en Sedán, compuesto de unos 30.000 hombres que, a la huida de Lafayette, quedó al mando del general Dumouriez; el otro cuerpo estaba en Metz y contaba con unos 15.000 hombres al mando del general Kellermann. Ambos generales desplegaron una linea de defensa demasiado extensa. Charles Francois Dumoriez era hijo de un comisario del ejército real francés. Se creía un magnífico general y poseía una audacia fanática. Solo tenía un principio: su oportunismo.

Mientras tanto, el ejército prusiano fue reforzado con las divisiones austríacas de los generales Clairfayt y Holenlohe Kirgberg, y con un cuerpo de voluntarios realista emigrados a las órdenes de los hermanos de Luis XVI, los los condes de Provenza y de Artois. Con estos nuevos efectivos el Duque de Brunswich reunió unos 80.000 soldados en Coblenza a finales de julio para invadir Francia. El plan del Duque de Brunswick consistía en atacar el centro de la línea francesa y avanzar hacia París. Con ello obligaría a los generales franceses a replegarse hacia el interior y les forzaba a que tratasen de cortarle el camino hacia la capital. Pero Brunswick contaba con que podría adelantarse a los movimientos franceses ya que operaría por líneas interiores respecto a los franceses. El plan era bueno, pero la lentitud en la ejecución malogró el éxito final.

El ejército aliado se puso en movimiento a primeros de agosto, cruzó la frontera el dia 19 y sitió la plaza de Longwy, que capituló tras un bombardeo de varias horas. A continuación los aliados tomaron Verdún, que no estaba en condiciones de resistir. Seguidamente se dirigieron hacia la cordillera del Argona, línea divisoria de los ríos Mosa y Aisne. El general Dumouriez comprendió la importancia estratégica de esta línea de defensa y se lanzó desde Sedán, en la frontera belga, a tomar y defender los pasos de la cordillera con 30.000 soldados. Pero cometió el error de no tomar el paso de la Cruz de los Bosques, que quedó situado a la derecha de su despliegue.

Los aliados pasaron el Mosa y se dispusieron a envolver las tropas del general Dumouriez por la izquierda. Al mismo tiempo, la vanguardia austríaca tomó el paso de la Cruz de los Bosques, con lo que franceses quedaban entre dos fuegos. Dumouriez envió una división contra los austríacos, pero fue rechazada.

La situación de Dumouriez era insostenible. Tenía 16.000 hombres, el grueso de su ejército, en el Paso Grande. Frente a él las tropas austríacas. A su derecha la vanguardia austríaca amenazaba su retaguardia y sus comunicaciones con París desde su posición en la Cruz de los Bosques. A su izquierda los prusianos comenzaban a maniobrar para envolverle. Pero la lentitud de los aliados a la hora de hacer sus maniobras fue lo que salvó a los franceses de la destrucción. Al amparo de la noche, que fue oscura y tormentosa, los franceses abandonaron sus posiciones en el Argona, cruzaron el rio Aisne. Se situaron con un frente paralelo al de la invasión delante del camino hacia París, apoyados en la aldea de Saint-Menehould.

La división francesa que Dumouriez había enviado a atacar a los austriacos en la Cruz de los Bosques se retrasó en su retirada y fue acuchillada por un regimiento de húsares austríaco.

Por su parte, el general Kellerman estaba retirándose desde la frontera de los Vosgos, puesto que al comenzar la invasión su flanco izquierdo quedó rebasado y amenazada retaguardia y comunicaciones. Kellermann entró en contacto con Dumouriez y convinieron en reunir sus tropas en Valmy.

Entre tanto, los prusianos continuaron su movimiento envolvente y cruzaron el rio Aisne. Quedaron desplegados frente al Rhin en el camino de Saint-Menehould a Chalons. El 20 de septiembre los prusianos iniciaron el ataque a las posiciones francesas en la convicción de que encontrarían poca resistencia. Pero éstos sostuvieron sus líneas con firmeza. El Duque de Brunswick comprendió que no habia conseguido nada con su táctica de maniobra y canceló los ataques. El último periodo de la batalla quedó reducido a un cañoneo. En vista de la determinación de los franceses, el Duque de Brunswick desistió de sus propósitos de invasión. Convocó un consejo de guerra y pronunció su única decisión durante la campaña: "Hier schlagen wir nich" (No lucharemos aquí).

Ambos ejércitos acamparon frente a frente mientras Dumouriez y Brunswick firmaban una tregua por la cual acordaron la salida de Francia de los aliados. El 30 de septiembre los prusianos se retiraron sobre el Rhin mientras Dumouriez les siguía de lejos. Por su parte, el ejército del Rhin al mando del general Custine tomó la ciudad de Maguncia.

La importancia de esta batalla radica en que fue la primera victoria militar de la República Francesa. Su efecto moral en la población francesa fue inmenso. Una vez disipada la amenaza militar que se cernía sobre Francia, el proceso revolucionario culminó políticamente con la decapitación del rey el 21 de enero de 1793.

Militarmente se extraen dos enseñanzas:

  • la lentitud de los aliados en la ejecución del plan de campaña dejó libertad de acción a los ejércitos franceses para desplegar.

  • fue la primera vez que se enfrentaron dos concepciones diferentes de ejército. De una parte, los ciudadanos soldados, firmemente determinados a defender su Patria de los peligros exteriores; de la otra, soldados profesionales de los ejércitos tradicionales del siglo XVIII, cuya voluntad de lucha no estaba tan arraigada y que se enmarcaba en un concepto de guerra cuyo vencedor no se declaraba por las armas, sino por la ventajosa posición que un ejército conseguía sobre otro mediante la maniobra. Finalizaba el concepto de "guerra limitada y poco sangrienta" y nacía el de "guerra ilimitada".

En la tarde del 20 de septiembre, Goethe, que acompañaba a los prusianos en la batalla, se volvió hacia sus abatidos compañeros y, ante la pregunta de uno de ellos, dijo: "Desde hoy y en este lugar comienza una nueva era en la historia del mundo y vosotros podeis decir que habeis estado presentes en su nacimiento".

Cien años despues, el mariscal Foch resumió la importancia de aquel cañoneo: "Habían terminado las guerras de los reyes y comenzaban las guerras de los pueblos".





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