HISTORIA MILITAR DE ESPAÑA
Campañas



DECLARACIÓN DE GUERRA DE FRANCIA CONTRA AUSTRIA (20 de abril de 1792)

Punto de arranque de los 23 años de guerras que asolaron Europa hasta 1815

El 5 de mayo de 1789 fue la apertura de los Estados Generales franceses en Versalles, con lo que se inicia para la Historia la Revolución Francesa. En la sesión del 27 de junio los tres órdenes reunidos decidieron tomar el nombre de Asamblea Nacional Constituyente. El 14 de julio el pueblo tomó la prisión de la Bastilla, símbolo de la presión monárquica francesa. Dos dias más tarde se inició la emigración de las principales familias aristocráticas francesas, con el conde de Artois, hermano del rey, a la cabeza. El 5 de octubre la presión popular obligan al rey Luis XVI y a la Asamblea Nacional trasladarse a París. El 20 de junio de 1791 el rey Luis XVI y su familia se fugan de París, pero cinco días más tarde son detenidos en Varennes y recluidos prisioneros en el Palacio de las Tullerías.

Este era el ambiente revolucionario que imperaba en Francia. La opinión pública, los soberanos y gobiernos del resto de los países de Europa eran desfavorables a este proceso. Los monarcas franceses se sentían desamparados y a merced de la chusma y el populacho, pero no deseaban una intervención armada contra su país. No obstante, los aristócratas emigrados intrigaban en las cortes europeas en favor de una cruzada que restableciera el orden en Francia por la fuerza de las armas.

Así las cosas, los aristócratas franceses aprovecharon una reunión entre el emperador de Austria, Leopoldo, y el rey de Prusia celebrada en el castillo de Pillnitz, Sajonia, para arrancarles una declaración fechada el 27 de agosto de 1791 en la que ambos soberanos consideraban de interés europeo el restablecimiento del orden en Francia y se mostraban dispuestos a emplear a este fin los medios más eficaces, "en el caso de que los demás monarcas se decidieran a cooperar a su acción". La declaración era muy vaga y representaba tan solo un estado de opinión, pues subordinaba cualquier medida al acuerdo unánime del resto de potencias. Sin embargo los emigrados franceses la difundieron ampliamente anunciando como inminente una invasión de Francia y represalias terribles a todos aquellos que se opusieran.

Dias más tarde, el 14 de septiembre, el rey Luis XVI juró aceptar y mantener fielmente la nueva constitución. El 20 de septiembre se disolvió la Asamblea Constituyente y se decretó la convocatoria de la Asamblea Legislativa, elegida por sufragio restringido, que se reunió por primera vez el 1 de octubre. La mayoría de ellos eran de talante moderado, y posiblemente la Revolución no hubiera desembocado en el Terror de no ser por un grupo de jacobinos exaltados minoritario en la Asamblea denominados los "girondinos" por ser la Gironda el lugar de origen de varios de ellos. Este grupo estaba perfectamente organizado y presionaba eficazmente en las asambleas a través de la plebe que llenaba las tribunas de espectadores del pueblo y que previamente había sido comprada.

El jefe de los girondinos era un tal Brissot, periodista bohemio que había viajado por Inglaterra y Estados Unidos y que aspiraba a desempeñar un gran papel en la Revolución. Había detectado que el pueblo y la burguesía francesas estaban cansadas de la Revolución. Ahora aspiraban a disfrutar de las ventajas obtenidas hasta la fecha. Brissot diagnosticó la necesidad de una gran conmoción que pusiera en peligro estas ventajas, de manera que sus recientes beneficiaros se dispusieran a defenderlas. Era partidario de una guerra para "purificar la libertad de los vicios del despotismo". Y añadía: "En tiempo de guerra cabe tomar medidas que que en tiempo de paz podrían parecer demasiado severas". Por eso, el manifiesto de los emigrados sirvió a Grissot de pretexto para iniciar una "cruzada universal para liberar a los pueblos del yugo de los reyes".

En este ambiente, la Asamblea Legislativa aprobó dos medidas el 9 y el 29 de noviembre: la declaración de sospechosos con posible pena de muerte y confiscación de bienes a todos los emigrados que no regresasen a Francia, y la supresión de pensiones, prisión y deportación a todos los sacerdotes que no jurasen la Constitución. El rey Luis XVI, como era de esperar, vetó ambas medidas, lo que dió a los girondinos un prtexto para calificar al rey traidor a la causa nacional.

Los moderados también tenían partidarios de la guerra, pero por motivos totalmente diferentes. Necesitaban restablecer la disciplina y prestigio del ejército para convertirlo en un instrumento eficaz para el mantenimiento del orden público, por lo que una guerra limitada contra los príncipes electores de Tréveris y Maguncia serviría a sus propósitos. Defensores de esta idea eran el general Lafayette y el ministro de la guerra, Conde de Narbonne.

Instigado por estos dos últimos, el rey Luis XVI mandó un ultimatum el 14 de diciembre a ambos electores para disolver en el plazo de un mes las concentraciones de emigrados franceses existentes en sus territorios, amenazando con recurrir a las armas en caso de negativa. El emperador Leopoldo, resuelto a mantener la paz a toda costa, aconsejó a ambos electores que cediesen a las pretensiones francesas, y el 21 de diciembre anunció al rey de Francia que sus demandas estaban satisfechas, pero le anunció que defendería el territorio de los electores en caso de agresión.

Pero la Asamblea Legislativa francesa parecía decidida a entrar en guerra. El 25 de enero de 1792 obligó al rey a preguntar al emperador si renunciaba a todo tratado y convenio que atentase a la soberanía de Francia, en clara referencia a la Declaración de Pillnitz, dando plazo hasta el 1 de marzo para contestar o declarar el estado de guerra entre ambas potencias. El emperador Leopoldo no quería entablar guerra alguna contra Francia. El 7 de febrero firmó una alianza defensiva con Prusia como medida preventiva, y el 17 de febrero dió una respuesta conciliadora a Francia.

Pero los acontecimientos se precipitaron. El 1 de marzo murió inesperadamente el emperador Leopoldo y le sucedió su hijo Francisco II, que era menos partidario de transigir con Francia. Por su parte, el Conde de Narbona, firme partidario de la guerra, fue destituido por el rey Luis XVI el 9 de marzo apoyado por los demás ministros, partidarios de la paz. Pero los girondinos reaccionaron acusando de traición al ministro de Asuntos Exteriores, Delessart, y consiguieron que la Asamblea decretara el 10 de marzo su prisión. Ante este hecho los demás ministros se vieron obligados a dimitir. El rey se vió obligado a aceptar un nuevo gobierno, compuesto esta vez por mayoría girondina, cuyo principal objetivo era la de conseguir la guerra con Austria.

El 25 de marzo el nuevo gobierno envió otro ultimatum a Austria. Al no obtenerse una respuesta satisfactoria, el 20 de abril de 1792 el rey Luis XVI se vió obligado a declarar la guerra. Para circunscribir la lucha a los dominios directos de la casa de Austria, con excepción expresa de los dominios del Imperio, se eligió la fórmula de declarar la guerra al "rey de Bohemia y Hungría".

De esta manera se inició una guerra que duraría hasta 1815, envolvería a toda Europa, acabaría con el concepto de guerra limitada imperante en el siglo XVIII, traería el reclutamiento obligatorio y el concepto de guerra ilimitada y que costaría unos seis millones de vidas humanas.





FUENTES: