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HISTORIA MILITAR DE ESPAÑA Campañas |
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GUERRA CONTRA LA REPÚBLICA FRANCESA (1793 - 1795) CAMPAÑA DE 1794 La campaña de ese año comenzó con malos augurios para los ejércitos españoles. El pueblo estaba desengañado y cansado de la guerra, pues esperaba haber visto desfilar sus tropas victoriosas en Paris rescatando a la familia del rey Luis XVI; o al menos, más modestamente, verlas ocupando Perpignan y colocando la frontera con Francia en la sierra de Los Corbieres, la que fue frontera natural con Francia durante muchos siglos. En lugar de ellos, las tropas españolas tan solo controlaban unos pocos pueblos de la ladera norte de los Pirineos y una franja de territorio de muy escasa profundidad. Para colmo de males, a lo largo del año España pasó de invasora a invadida, pues los ejércitos franceses avanzaron hasta amenazar Bilbao, Pamplona y Gerona. En el frente del Rosellón, el Ejército de Operaciones de Cataluña disponía de 23.000 soldados hispano-lusos desperdigados en un frente demasiado extenso. Se hallaban debilitadas por las enfermedades y los reemplazos que les llegaban estaban faltos de instrucción. Frente a ellos se alineó un ejército de 66.000 soldados, reunidos por el gobierno francés tras haber vencido a sus enemigos exteriores e interiores. Su mando se encomendó al general Dugommier, el conquistador de Tolón. El general Ricardos murió inesperadamente en Madrid en febrero de 1794. Para ocupar su puesto se monbró al Teniente General O´Reilly, que falleció cuando se dirigía a tomar su mando. En vista de lo cual, Godoy nombró al Conde de la Unión como General en Jefe del Ejército de Operaciones de Cataluña. Iniciadas las hostilidades en el Rosellón, a finales de abril y primeros de mayo el general Dugommier forzó las defensas del Boulou y forzó a las tropas españolas a cruzar los Pirineos abandonando parte de su artillería en territorio francés. El Conde de la Unión estableció una línea defensiva fortificada a base de reductos desde San Lorenzo de la Muga hasta la costa en Llansá pasando por el norte de Figueras. El frente quedó estabilizado en esa línea durante seis meses, periodo en el que menudearon los ataques de uno y otro ejército, sin resultados decisivos. En el frente vasco-navarro el general Ventura Caro disponía de unos 20.000 soldados. Frente a él se formó un ejército de 60.000 soldados de refresco a las órdenes del general Muller. Ante las evidentes muestras de una ofensiva francesa por el valle del Baztán, el general Ventura Caro hizo un ataque a San Juan de Pie de Puerto el 23 de junio con intención de paralizar los preparativos enemigos. Pero la superioridad numérica francesa contuvo el ataque español y el general Muller continuó sus preparativos de ataque. El general Ventura Caro solicitó refuerzos del gobierno; pero éste había enviado todas sus reservas de tropas instruidas al frente catalán. En vista de la situación, el general Ventura Caro solicitó ser relevado del mando pretextando achaques de salud. Fue sustituido por el virrey de Navarra, D. Martín Álvarez de Sotomayor, Conde de Colomera. El 25 de julio el general Muller lanzó su esperada ofensiva por el valle del Baztan, al que entraron por varios puntos, con grandes efectivos y cogiendo de revés las posiciones españolas del Bidasoa. El avance francés por Guipúzcoa fue imparable: el 1 de agosto eran dueños de San Marcial, Irún y Fuenterrabía; el 4 de agosto entraron en San Sebastián; el 9 de agosto entraron en Tolosa. Las fuerzas españolas se retiraban en desorden, de modo que sólo pudo establecerse una nueva línea de defensa sobre el rio Deva para evitar la entrada de los franceses en Vizcaya. Al general Muller le relevó en el mando el general Moncey, que se había destacado como subordinado de aquel. A mediados de octubre y primeros de noviembre Moncey lanzó dos ofensivas sobre Pamplona, que fueron rechazadas por las tropas regulares y milicias navarras al mando del IX Duque de Osuna. De esta manera, al finalizar el año el frente vasco-navarro quedó estabilizado en la línea del rio Deva, montes de Elosúa, Lecumberri, la venta de Ulzama, Eugui y Orbaiceta. Por su parte, en el frente catalán el general Dugommier lanzó una potente ofensiva el 17 de noviembre. Ese mismo día murió el general francés, mientras que sus subordinados Augereau y Perignon rompieron el frente y tomaron de revés las posiciones españolas. El 20 de noviembre el Conde de la Unión acudió en persona a un lugar del combate, y encontró la muerte de forma indigna, cobarde y vergonzosa a manos de una unidad de caballería española que se reveló frente al enemigo. Tomó el mando el Marqués de las Amarillas, que consiguió replegar las fuerzas españolas a la línea del rio Fluviá con el objetivo de proteger la ciudad de Gerona. La guarnición del Castillo de Figueras capituló vergonzosamente el 28 de noviembre sin haber disparado un solo tiro. En cambio, la de Rosas resistió hasta el 2 de febrero de 1795, en que se le ordenó su evacuación por vía marítima.
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